miércoles, 24 de julio de 2024

La mejor fabada del mundo

¿Verdad que el título de la entrada promete? Siempre apetece comer una rica fabada, y más aún, si es de esta calidad. Pues para poder catarla hay que llegar a un sitio muy escondido, como no podía ser de otra manera, dado que lo exquisito siempre tiene un precio. En concreto, hablamos del restaurante La Sauceda, el cual se encuentra en el municipio de Buelles, en la zona de Peñamellera Baja, un entorno idílico y mágico donde los haya.








Siendo sinceros y honestos, la obtención del premio a La Mejor Fabada del Mundo data de 2019 con un plato elaborado durante varias horas con fabas caseras, siendo elaborada por María Teresa Mira, cocinera de ese establecimiento. Es cierto que siempre han rondado el gol, con varios lanzamientos al palo, puesto que siempre han estado entre los elegidos. Y mucho mérito tiene, ya que hay teorías que recogen ingestas de fabadas ya en la Edad media. Asimismo, ojito, porque también se encuentra en la terna del mejor cachopo. Cracks.










Antes de ir al grano gastronómicamente hablando, nos llevamos una sorpresa mayúscula para bien (cuidado, porque hay sorpresas que las carga el diablo), con el aperitivo, cortesía de la casa: unas espectaculares anchoas La Sauceda del Cantábrico sobre pan de molde tostado, con queso y manzana, digno de marqueses. Espectacular.









A continuación, el plato estrella y que no podía sorprender a nadie: fabada asturiana. Poco se puede añadir, si año tras año está entre las mejores. Simplemente algunos pequeños trucos que nos puedan instruir. Primero, la calidad del agua es básica. De hecho, muchos cocineros optan por utilizar agua mineral. Segundo, la calidad de la haba o faba (en este caso cultivada por su padre en la huerta de su casa). Y, por último, quizás lo más importante: una gran dosis de paciencia y cariño.








Más. Pescado y carne, para no ser muy innovadores, que es lo que exige, en principio, la gastronomía tradicional del lugar. Como pescado, rulo de bonito, el cual es muy típico en Asturias y además requiere de unas fechas determinadas. Por tanto, somos de los escogidos por estar en el lugar adecuado en el momento adecuado ¿Y qué es realmente? En pocas palabras. Se trata de s un suculento plato típico de la costa de Asturias, que se prepara con bonito fresco de temporada, que se pica, se acompaña de hortalizas y se guisa en salsita, con forma de rollo, para comerlo en rodajas.






En lo que se refiere a la carne, solomillo al queso, con la salsa aparte, lo cual se agradece enormemente, dado que en multitud de ocasiones las salsas enmascaran el sabor del auténtico protagonista del plato. Afortunadamente, esta vez no fue así. No obstante, probablemente, fue el plato más flojo de todos ellos. Motivo: la carne debía estar menos hecha. Error perdonable en el cómputo global.










Y para terminar dos postres, ambos caseros. Primero, estando por estas tierras, un postre que no podía faltar: arroz con leche con su caramelo requemado. Ya saben, que Asturias es, sin duda alguna, la reina de este dulce. Bien, pero los he degustado mejores en esta vasta tierra verde.














Segundo. Otro postre casero, pero algo más sofisticado: tarta de crema y limón. La crema soberbia, bien conjuntada con el otro condimento. Positivo broche y cierre gastronómico.









La pregunta de hoy tiene una respuesta inmediata ¿Fabada? La Sauceda. Sin complicaciones y con garantía de éxito.



Última visita: 07/07/24


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Buelles 65
33579 Buelles, Asturias


985 925 012/626 344 825

martes, 23 de julio de 2024

Una sidrería realmente especial

Si bien el lugar que visitamos en el día de hoy hace honor a su nombre, que no es otro que La Sidre, de modo que tenemos la posibilidad de degustar el típico menú que ofrecen estos locales, La Sidre es muy diferente. Por tanto, además de saborear una sabrosa tortilla de bacalao y un exquisito chuletón, la carta de temporada es de quitarse el sombrero. La ubicación es realmente increíble, puesto que podemos divisar todo el verdor del bosque de Armentia, el pulmón de la ciudad, a sólo 20 minutos del centro de Vitoria, a través del Balcón de la Sidre. Un auténtico lujo. Y más lujo, si cabe, si quien lo comanda, es el bueno de Kepa Bravo. 





Además del entorno, el propio local merece sus líneas. En concreto, se trata del característico y tradicional caserío vasco, si bien cuando uno accede a su interior aprecia con toda nitidez que lo moderno fusiona perfectamente con lo tradicional, una vez más. Ambientación e iluminación con tonos cálidos y pálidos, combinando perfectamente con la mantelería granate, las cuales cubren unas mesas con la separación idónea. Y lo más llamativo: las enormes vigas blancas de madera, que al mismo tiempo sirven como separadores entre los diferentes espacios de ambos comedores.









Antes de comenzar a degustar lo que ya habíamos planeado con anterioridad concienzudamente, el personal de La Sidre tuvo el detalle de obsequiarnos con un delicioso chorizo cocido. Desde luego, que buen modo para ir calentando motores, o mejor dicho para ir poniendo a tono nuestras papilas gustativas.






Y ya entrando en materia gastronómica propiamente dicha, el inicio fue degustando un clásico donde los haya: croquetas caseras. Lo tradicional se impone cuando la calidad se manifiesta en variedad. Opciones de croquetas de jamón, morcilla y boletus. En esta ocasión nos inclinamos por las dos primeras variedades, y con gran acierto.





Tras este preámbulo, nos lanzamos directamente a por el pescado y por la carne. En lo que se refiere al pescado, una única palabra lo podría definir perfectamente: sublime. Un rape, cuya elaboración demostró el arte que manejan estos chicos en la parrilla, amén de la inmediatez de la captura de la pieza. Todo exquisito. Su salsa, la cebolla pochada en su punto y unas patatas inolvidables (es de suponer que originarias de la tierra, donde este producto es más que religión). 




Y como buena sidrería que es, si bien con matices, como ya se ha comentado anteriormente, el chuletón no podía ni debía faltar en la mesa. Se nos informa de que la raza es vaca gallega frisona, pero lo que realmente hay que ponderar, una vez más, es el punto que alcanza la carne en la parrilla. Magos del soberano arte de esta práctica. Un millón de gracias.





Finalmente, en los postres nos jugamos un triple, pero para bien. No me malinterpreten. Triple de calidad. Primero, una deliciosa tarta de queso "made at home". Sin miedo a equivocarme, entraría entre las tartas de queso más top, que un servidor ha tenido el placer de saborear. Mis más sinceras felicitaciones.






Más postres caseros, tradicionales y de calidad. Un riquísimo flan. Cuando lo simple funciona, no hay nada que cuestionar. Si el producto en su conjunto, a pesar de su sencillez, reconforta y seduce, no hay nada más que hablar.






Como colofón de fiesta, algo típico y muy propio para la época veraniega: helado. También caseros y con la posibilidad de elección de multitud de sabores, tales como fresa, vainilla, chocolate... El ganador fue este último, y todos más que satisfechos.




¿Quieren visitar una sidrería realmente especial por muchos motivos? La Sidre es el lugar, sin duda.




Última visita: 16/07/24


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C/ Larrintzar 3 (Vitoria-Gasteiz)



945 13 15 65


lunes, 22 de julio de 2024

Donde lo tradicional y lo moderno confluyen

Hoy visitamos nuestra ciudad fetiche en lo que a gastronomía se refiere, que no es otra que la mágica Bella Easo. Y en dicho entorno fascinante y seductor un local con una evolución extraordinaria: Amama. Su traducción del euskera al castellano ya nos va a ir dando unas pistas de qué tipo de cocina se han marcado como objetivo. Pues, amama significa abuela ¿No les parece el nombre más adecuado para elaborar una cocina tradicional? Por cierto, la ubicación es excelente, pues se halla en pleno Casco Histórico frente a la bellísima Iglesia de Santa María.






Y en dicho emplazamiento se encuentra escondida esta joya en la primera planta del hotel Atari, donde uno se siente apoderado por la magia de una casa tradicional vasca, el salón de la abuela (una vez más). Cuelgan cuadros con pintorescas escenas pastorales, imágenes de San Sebastián, enmarcado con un estilo muy familiar. Destacan las robustas vigas, respetando la estructura del edificio antiguo con pintura brillante, la cual recuerda al Bosque de Oma, una referencia a la costa vasca donde crecía Asier Arriola, uno de los fundadores de Atari y posteriormente del grupo Gastroleku. Junto a Asier, al mando de los fogones, un navegante incansable de la cocina vasca: Iñigo Insausti.









Optamos por un menú de fin de semana, con el fin de probar la mayor cantidad de platos. Dos entrantes. Primero: huevo a baja temperatura con cóctel de setas y parmentier de foie. Refrescante, y sobre todo, un gozo para el sentido visual, con toda la importancia que tiene ello en una buena nota global.








El segundo entrante también podríamos catalogarlo de la misma familia gastronómica: espárragos blancos salteados con pesto de trigueros, torreznos y mahonesa de ajo negro. Ahí queda eso. Los espárragos trigueros son un manjar por sí solos, y si están bien rodeados y conjuntados, pues no hay nada que objetar. Simplemente decir bravo.








Llegamos al momento del pescado. Nuevamente dos opciones, y a cuál más sugerente. Por un lado, filete de pez gallo a la florentina. Les ilustro por si no conocen a qué tipo de salsa nos referimos (desde luego que el origen es obvio). Sencillo y claro: hace alusión a una cama de espinacas y salsa de bechamel. Buen matrimonio este pescado y esta salsa. Me convence.












El segundo pescado, la estrella de los mares, sin duda alguna: lomo de merluza asada con patata crujiente y crema de guisantes. Una vez más, excelente combinación de materias primas. El pescado y la verdura son siempre tripulantes bien avenidos del mismo barco gastronómico.










Asimismo, en lo que se refiere a la carne, no fuimos originales y compartimos dos piezas diferentes. Primero, cordero asado y deshuesado con puré de manzana, cous cous y su jugo reducido. Si son lectores habituales, ya conocerán mi "pequeña guerra particular" con el cordero. Pues bien, esta vez tengo que confesarles que claudiqué y saqué mi pañuelo blanco en señal de aceptación.








Si es cierto, que la segunda opción de carne fue más de mi agrado: solomillo de cerdo con su jugo y hummus de boniato. Mención especial para la delicia del boniato. Como bien sabemos, el hummus por antonomasia es el de garbanzos, pues si no han probado el de boniato, deben saborearlo. Con boniato, ajo, tahina y pocos ingredientes más tendremos un acompañante para nuestros platos espectacular.










Los más golosos están de suerte, dado que el dulce también fue doble. Comenzamos con un mousse de mascarpone con helado de queso y frutos rojos. Nuevamente la Bella Italia, presente. Si abrimos el catálogo de postres digestivos, este tendría su lugar privilegiado. Bien.











Y terminamos con un clásico y valor seguro entre los postres: torrija caramelizada con helado de vainilla. Hablando de matrimonios gastronómicos, pocos puedes ser tas duraderos, estables y fieles como ellos dos. Y por cierto, siempre en la felicidad gastronómica.









Cocina tradicional vasca con unas vistas bellísimas. No lo piense más. Amama le está esperando.




Última visita: 25/05/24


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C. Mayor, 18, Piso 1 
20003 Donostia – San Sebastián
843 93 44 44

miércoles, 17 de julio de 2024

Perdidos en el paraíso gastronómico

Y sí, queridos lectores, porque para llegar al paraíso hay que perderse, dado que esos lugares mágicos siempre están escondidos. El acceso a dicho lugar mágico y misterioso, que no es otro que el Molín de Mingo, nos obliga a adentrarnos en la Asturias más profunda, en plena montaña, muy cerca de Cangas de Onís, Ribadesella y Arriondas. Se deben subir varios kilómetros por una estrecha carretera, para a continuación sin dejar nunca el camino, pasar los pueblos de Peruyes y Canaliegas y después alcanzar el esplendoroso El Molín de Mingo. Una vez allí, nos espera una gran casa de aldea dónde se ubica esta joya. Dispone de aparcamiento en un terreno colindante para poder dejar el coche tras recorrer el mencionado trazado sinuoso, y estar prestos para tomar el aperitivo previo.





Todo su entorno natural, así como su decoración merece, del mismo modo, una mención aparte. La transformación de este antiguo molino en un local gastronómico se ha sabido realizar del modo más exitoso, manteniendo una decoración rustica y con un estilo muy personal. En el exterior observamos el vigor del río Zardón, que daba servicio al molino, además de un par de casas y un hórreo, también habilitado para dar comidas. Y por último, los espacios exteriores están habilitados como terrazas para comer fuera o salir después a tomar el café o hacer una sobremesa larga. Si olvidar, el esplendor del jardín naturalista, diseñado por el reconocido paisajista ovetense Fernando González, que nos enamora a través de los enormes ventanales.






Momento de felicitaciones a la maga y artífice de este sueño: Dulce Martínez. Arriesgó su saber culinario y capacidad económica para reformar el molino familiar. Por suerte, esta vez ocurrió el famoso quien arriesga, gana. Y para el acometido gastronómico supo rodease de uno de los grandes de la gastronomía asturiana y del panorama nacional, su actual marido Nacho Marzano. Sus inicios fueron a base de exquisita gastronomía tradicional asturiana para pasar a la única opción de menú degustación (largo y corto) a precios verdaderamente competitivos y ajustados. Con un detalle, que no se debe obviar: no hay servicios de cena, con lo que el disfrute de la comida no tiene fin. Gracias de todo corazón, Dulce.











Tras esta detallada presentación y por otra parte, merecida, gocemos una vez más con lo que degustamos. Como no podía ser de otra manera, optamos por el menú largo, a base de dos entrantes, siete platos principales y su correspondiente postre. Los dos entrantes, por una vez, les dejo que sigan el juego conmigo y adivinen de qué se tratan. Pista: mucho ingrediente asturiano, lo cual es una constante en la filosofía de El Molín de Mingo ¡¡Ánimo!!






Con lo platos principales nos vamos a poner más serios, y nos vamos a dejar de juegos. Sé que quieren la información completa y detallada, siendo honestamente mi deber. Empezamos el festín con unas croquetas de jamón y de compango. Las croquetas insuperables, melosas y con una bechamel, en la cual el asesoramiento de Nacho seguro que está presente, con lo que es un valor seguro. Él es el rey de este producto, sin duda. Por cierto, la croqueta de compango les va a sorprender muy gratamente. El compango es el acompañamiento, que lleva la fabada, de modo que en el momento de llevárnosla al paladar nos traslada a otro capítulo gastronómico.




Siguiente plato. Algo más digestivo. Espárrago blanco y holandesa de ajo negro y sardina ahumada. La primera impresión visual, espectacular. Perfecta sinfonía de colores y sabores. Todos los productos perfectamente conjuntados, creando un plato final refrescante, muy acorde con la época festival veraniega en la que nos encontramos.




Continuamos con un pescado, socorrido y ganador de muchas batallas: bacalao al pil pil y licuado verde de espinaca. De momento, proseguimos con el color verde, haciendo un guiño a nuestra querida tierra asturiana. Capítulo aparte merece la sutileza de la guindilla troceada. soberbio.



A continuación, un plato asturiano por antonomasia: tortu de maíz con queso de Afuega el pitu y cebolla confitada. El torto o tortu (en bable), para los que no lo sepan, no deja de ser una simple masa de harina de maíz, harina de trigo, sal y agua templada, pero que en las manos de Dulce pasa a ser todo creatividad. Delicia pura. Disfruten también del excelente queso de Afuega el pitu, cumpliendo el canon del buen asturiano: "no hagan comida ni con quesu, ni sin quesu". Es decir, toda comida debe de llevar queso, pero no toda la comida puede ser queso. Grandes personas las asturianas.






Más. Fabes con bonito. Quizás nos decepcionó un tanto esta innovación. Lástima realmente, puesto que la fabada perdía su esencia y uno queda un poco desencantado y huérfano por no saborear el estandarte gastronómico de Asturias. El mejor de los mejores escribanos tiene su diminuto borrón.



Pasamos ya a la carne y una de las piezas favoritas de los pastos norteños: Cabritín de Ponga guisado. Un inciso. El valle de Ponga es una maravilla, merece realmente la pena visitarlo (Embajador turístico de Asturias a coste cero). La carne de cabrito tierna y jugosa, sin nada de grasa, acompañada de lechuga, para completar el plato. Muy bien.




Y para terminar, apoteosis final: arroz con pitu de caleya. Lo primero definir qué es: se trata de un pollo de camino, porque se cría en total libertad, alimentándose con lo que se encuentra en el campo y pasa la edad de un año. Su carne, como podrán comprobar, es más oscura, amén de que el tamaño es mayor. Dicho pitu es guisado durante varias horas, añadiéndose al arroz, et voilà: tienen en la mesa una referencia gastronómica de esta tierra luchadora como la que más.











Como bien saben, lo de terminar era un indicador del final del inicio del apartado más dulce. A falta de un postre, tres. Primero: galleta de almendra con crema inglesa y mango natural. Forma idónea para comenzar nuestro proceso digestivo. Postre con acento inglés y toque asturiano. Más no se puede pedir.












¿Qué les parece continuar con el dulce fetiche asturiano? Seguro que ya lo tienen en sus mentes con las papilas gustativas al acecho. No podía faltar el arroz con leche. Siempre en esta tierra y con su caramelo delicioso. Puro gozo.












Y ahora, sí, como colofón la guinda a este festín: sopa de coco, menta y chocolate. Lo más digestivo, para el final. Excelente conexión servicio de sala y comensales. Podría catalogarse de despresurización gastronómica exitosa.








Si quieren gozar de naturaleza, entorno mágico y de ensueño, arquitectura impecable y una gastronomía de calidad soberbia sólo existe un lugar en el mundo: El Molín de Mingo.





Última visita: 06/07/24


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Finca Molín de Mingo
33540, Peruyes, Asturias
985 92 22 63

miércoles, 10 de abril de 2024

Turismo y gastronomía

Pues como bien indica el título de la última entrada, en el día de hoy jornada doble: turística y gastronómica. No sólo degustamos exquisitos manjares, sino que tuvimos el placer de disfrutar de la belleza y las bondades del impresionante Palacio Real de la Granja de San Ildefonso, auténtica maravilla. Previamente saboreamos la mejor cocina segoviana de autor en el mismo municipio. El lugar también es mágico por decoración, gastronomía e historia, principalmente. Se trata de La Fundición. El nombre ya nos empieza a dar pistas de todo lo que antiguamente podíamos encontrar en dicho local con solera.






Y verdaderamente, su historia tiene miga. Antiguamente, era una plomería del Real Sitio En su origen, estaba constituida por la sala de labor principal dotada de fragua, una sala de acceso y almacenaje. En 1783 se incorporó parte del viejo hospital para almacenaje, patio y carbonera (actual bodega de La Fundición). Además, dispone de dos comedores con un carácter muy especial. Por un lado, el comedor de la fragua, el cual fue durante más de dos siglos, el corazón de la plomería. El gran arco de ladrillo indica la posición de la antigua fragua, en la que se encontraron crisoles metálicos donde se fundía el plomo aleado con plata. Y por otro, el antiguo hospital, que actualmente no sólo se utiliza como comedor, sino que el origen de la terraza corresponde al espacio que ocupaba el patio de la enfermería.












Y después de esta pequeña clase de historia, momento de comer. Comenzamos con un clásico, pero con innovación: croquetas fluidas de judiones del Real Sitio. Ya ven, que el relleno era a base de las archiconocidas alubiones de La Granja. Y si a ello, añadimos que la bechamel fluía, como ya se nos indicó, el resultado es el que todos ustedes están esperando. Croquetas que quedarán, sin ninguna duda, en nuestro recuerdo gastronómico.










El segundo entrante, también cocina segoviana, con un componente I+D+i de primerísima línea ¿Qué les parece un plato a base de huevo, hummus castellano, setas y camarón pipa? Romper todos aquellos sabores armónicos para crear una sintonía gastronómica infinita, puro placer. Mención especial a los dos componentes más originales: el hummus, que no eran otros que unos tiernos garbanzos, y el camarón pipa, el más pequeño de todos los crustáceos, pero al mismo tiempo, sabrosísimo.






Vayamos con los dos platos principales. Rulo de cochinillo ahumado y crema de yuzu. Increíble. Una manera vanguardista de saborear el mejor cochinillo de Segovia. Eliminada toda la grasa y aligerado con una crema de yuzu, un cítrico de origen japonés intensamente aromático. Soberbio.









Y para terminar con este auténtico festín, raviolis de rabo de toro y salsa de foie. Sublime. Fantasía de sabores, que uno es incapaz de olvidar y no lo desea, dado que fue un momento muy especial. Siempre quedará en nuestras retinas y papilas gustativas. El tener el lujo de degustar dicho manjar, ya merece por sí sola la visita a La Fundición. Matrícula de Honor.












¿Qué podemos decir de los postres? Pues que estuvieron en la misma línea, es decir, siempre jugueteando con el sobresaliente. Primera opción: tarta fluida de quesos. La técnica del fluido La Fundición la tiene totalmente dominada. Advertencia, es una tarta de queso que homenajea al queso. En consecuencia, puro sabor a queso. Para un servidor, delicia máxima.












Como colofón de fiesta, un postre más: semifrío de avellana y caramelo salado. Obra de arte en el plato. Es cierto que en La Fundición siempre tienen presente en todo momento los cinco sentidos. Recuerden, comer no es cuestión y tarea únicamente del gusto. Si nos centramos en este, señalar que la mezcla de dulce y salado, junto al chocolate, maravillas del mundo.










Si quieren disfrutar de una jornada completísima cultural y gastronómica, no existe excusa de ningún tipo que justifique el no visitar La Fundición.




Última visita: 03/04/24


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Plazuela de Calandria, 1
40100 Real Sitio de San Ildefonso
Segovia
921 47 24 06