jueves, 27 de noviembre de 2014

En el cielo gastronómico

Frótense los ojos y preparen sus paladares para grandes emociones, puesto que hoy visitamos uno de los grandes; el restaurante Azurmendi del atrevido y más que dotado Eneko Atxa, sito en Larrabetzu (Bizkaia) muy cerca de Bilbao ¡¡Hay tanto para contar!! Vayamos por tanto, despacio. En primer lugar, destacar la mimetización del restaurante con el entorno. Eneko Atxa es un enamorado de la tierra, hecho que se refleja en su arquitectura sostenible (paneles fotovoltaicos en las cubiertas acristaladas, calefacción radiante conseguida por geotermia y acumuladores de agua de lluvia), como en su gastronomía, algo que ya lo iremos comprobando. Gran esfuerzo económico, desde luego. No obstante, como grande que es Eneko se ha cubierto las espaldas, ofreciendo el menú Prêt à Porter, en el caserío que se ubica más abajo, lugar donde comenzó toda la magia Azurmendi.






El primer acto previo a elegir el menú se sucede en el jardín con un aire un tanto zen, donde el guiño a la tierra continúa, una constante en este maravilloso periplo, no sin antes tener el placer de visitar el huerto exterior y el invernadero, donde se siembran diferentes productos, los cuales luego van directamente al plato, para gozo, deleite y disfrute de los comensales. A medida que se van observando todos los detalles, uno va comprendiendo a la perfección como Eneko ha podido obtener tres estrellas Michelín a esta velocidad de vértigo.






Y en dicho jardín empezó el cuento gastronómico; boquiabiertos fuimos prestos hacia una caja de mimbre como si se tratarse de un picnic, mientras sosteníamos un txakoli de la bodega Gorka Izaguirre y tres bocados de dedos: milhohas de anchoa señorial, caipiritxa, bola de txakolí, que explotaba en el paladar y maíz foie y mostaza, que nos recordaba a un talo en miniatura.



Segundo acto en la cocina. Del jardín pasamos por la cocina. donde uno de los responsables de sala nos explica cómo está organizada la misma: amplitud, últimas tecnologías, división en líneas por diferentes partidas y Eneko comprobando cada uno de los platos que sale a sala. Luego Eneko, se acerca a nosotros, nos saluda y charlamos un rato, más que jovialmente.










Y como no podía ser de otra manera, de allí tampoco salimos con los carrillos vacíos ¡¡Comienza la magia!! Hoja de setas vía liofilización. Los ojos le dicen a uno que se está comiendo una hoja de un árbol y el gusto una de las mejores setas. Si esto no es magia... Todo ello acompañado por un sabroso, suculento y potente caldo de alubias.








Bueno, y así llenos de ilusión, llegamos a la sala, donde las sorpresas, evidentemente, son aún mayores, si cabe. Nuevamente homenaje a nuestra tierra: aceituna helada y vermouth. Desde luego que eso es empezar un buen menú, con un auténtico aperitivo. Por cierto, optamos por el menú más reducido, menú erroak (raíces) más cásico, menú muy acorde a la filosofía Atxa. Un detalle más, la tierra, con un sabor dulzón, que acompañaba a la aceituna, ¡¡Se comía!!




Ya de lleno en nuestro menú, el primero en llegar fue, como no, el hijo predilecto o plato estrella: huevo de nuestras gallinas, cocinado a la inversa y trufado. Se le extrae parte de la yema, y por el mismo agujero, se inyecta un jugo de trufa, para acabar explotando en nuestra boca. Sensación de placer infinita.





A continuación, el ejemplo claro del trabajo diario de sus invernaderos y el amor a la tierra. El plato llamado la huerta; tan simple y tan complejo. Una obra de arte, donde no falta ninguno de los productos más delicados de nuestra tierra. Guisantes, coliflor, tomatitos, sobre una tierra comestible negra y dentro de la tierra una emulsión de tomate que rozan la perfección. Por último, el detalle del soporte sobre el que se hallan, sensible y precioso. Guiño claro a una bella hoja.





Más belleza gastronómica y visual: centollo al natural y manzana ¡¡Y tan natural el centollo, que se encuentra en una pecera!! Es otro de los platos que también borda Eneko ¡¡Cómo cuida el relleno del centollo, eliminando todos los tropiezos!! Y para alcanzar el 10, se acompaña de una pasta fina elaborada por ellos y una manzana fresca envuelta igualmente en una pasta espectacular.






¡¡Más madera, amigos!! ¿Qué les parece una de bogavante asado y descascarillado sobre aceite de hierbas y meloso de cebollino? Nuevamente Eneko siendo muy minucioso con todo ese tipo de mariscos. Los cuida, los mima, los limpia con esmero, para que el comensal no tenga que preocuparse más que de saborear un manjar. Y siempre maridado con productos que siembran ellos mismos. Bravo.




Más imaginación todavía. El plato llamado a modo de estofado de salazones; vegetales, anchoas e ibérico.  Guiso a base de manitas que se reducen hasta la máxima expresión, para obtener una intensidad de sabor explosiva. Se han añadido trocitos de anchoas, apio, espárrago y 3 esferificaciones de queso idiazábal que, hablando de explosiones, estallan en la boca llenas de sabor





Llegamos al pescado. Clásico, pero con matices, porque como se pueden imaginar en Azurmendi todo tiene su toque innovador: kokotxas con patata y ajo. Pil-pil de toda la vida. Exquisito y bien ligado. Pero las patatas, delicatessen pura. Pequeñas patatas soufflés que están rellenas de una suave crema de ajo. Una simple patata y un simple ajo se convierten en algo inesperado. De los que no se olvida.




Y como carne, otro clásico: pato a la naranja. Ligero aroma de azahar y carne en su punto. Cítricos en dados y un foie sobre el pato. Conjunción acertadísima y un pequeño recuerdo a la cocina francesa, a la que tantos lazos unen la cocina vasca, y sobre todo, la nueva cocina.









Postres, para dar y regalar. Por un lado, las castañas. Elaboradas al sarmiento y provenientes de sus propias viñas. El aroma que desprende el recipiente en el que llegan, provoca recordar tiempos infantiles, en los cuales la castaña siempre estaba presente en nuestros hogares. Sensibilidad a flor de piel.













Y el espectáculo visual por excelencia: fresas y rosas. Una rosa humeante, que desprende un aura especial acompañada de un helado, ¡¡pero vaya helado!! Fresas naturales, helado de fresa, pétalos. Fiesta de colores y sabores.










Si lo anterior era un disfrute y placer para la vista, no les quiero ni contar la belleza de los dulces que acompañaban a los cafés. Impresionante. Todo tipo de dulces variados, pero adornados con una delicadeza  y sensibilidad tan especial, que uno no encontraba el momento de hincarles el diente. Eso sí, cuando llegó, miel sobre hojuelas.




Si quieren subir al cielo de la gastronomía, no está tan arriba. Simplemente acudan a visitar a Eneko Atxa.


Última visita: 14/11/14
Ver ubicación Lat: N 43º 15´ 38´´/ Lon W 2º 48´42´´
Corredor del txorierri salida nº 25
Larrabetzu ( Lezama ) Bizkaia

34 944 558 866

martes, 11 de noviembre de 2014

Tradición gastronómica asturiana

Hoy visitamos Gijón. Un lugar al que siempre nos encanta regresar y que gastronómicamente hablando siempre nos depara más de una sorpresa agradable. La verdad es que en Gijón hay muchísimo para escoger, de modo que hoy nos guían nuestras piernas y se impone la ubicación. De este modo, como no podía ser de otra manera, el restaurante elegido no puede estar muy lejos del paseo de la playa. Y así es; cercano a las olas que rodean Gijón se encuentra el restaurante Ciudadela, donde, desde luego, la carta es toda una declaración de intenciones.






En este lugar tanto Víctor Ramón Álvarez como Ignacio Velasco ofrecen unas muy meritorias tendencias gastronómicas innovadoras, sin olvidar nunca la filosofía de la gastronomía asturiana y la tradición regional basada en la calidad de la materia prima y en los sabores. A destacar igualmente, los comedores, puesto que  se proponen dos ambientes diferentes, uno en la parte superior con un comedor más bien tradicional, y otro, en la parte inferior, el cual le hace a uno sentirse que se encuentra en la cueva de Alí Babá. Si tienen la posibilidad, opten por este lugar, porque le da un valor añadido a la aventura gastronómica.








Comencemos con el juego del comer. En lugares así, como no podía ser de otra manera, el inicio fue cortesía de la casa: crujiente de presa ibérica. Soberbio. Y sí, es verdad que se está abusando de este manjar, lo que está provocando que en determinadas ocasiones se ofrezcan auténticas mediocridades. No fue el caso. Para nada en absoluto.





A continuación 2 entrantes, como mandan los cánones. Por un lado, las tiras de calamar frito con alioli de limón. Nótese en el testimonio gráfico que cuando no pueden innovar con el contenido, le dan un toque especial al continente. Así, en esta ocasión el diseño del recipiente se asemejaba a lo que podría ser un cucurucho en el que se degustan los sabrosos caracolillos. Bien por la idea y en su punto los calamares.





El otro entrante, un clásico que si el producto es de calidad, es imposible que nos deje en mal lugar. Estamos hablando de un espectacular plato de jamón, pero señores, "Sánchez Romero Carvajal 5J". Con eso está todo dicho. Sobran las palabras. Por cierto, vean nuevamente el plato ¿A qué les recuerda? ¿No me digan que no se asemeja a una pata de jamón? Nuevamente adaptación del continente al contenido. Enhorabuena.





Los platos principales también unos clásicos de nuestras cocinas, pero una calidad muy por encima de la media. En cuanto al pescado, fue el rey de la fiesta; un cogote de merluza con patatas panaderas y ajitos que era fresco hasta decir basta ¿Por qué algunos se empeñan en emplear salsas misteriosas y extrañas? ¿No será para ocultar deficiencias del pescado? En este caso, todo "a pecho descubierto" y sin trampa ni cartón. Sobresaliente.









¿Y de carne qué? Pues marchando una de chuletón de buey laminado con patatas fritas y verduritas. La carne, sabrosa y tierna. No se puede pedir más. Mención especial al tema de las sales: sal maldon (muy típica de la zona de Ibiza), sal volcánica de arcilla de Hawai, sal negra de la India... Todas le otorgaban un sabor especial al producto, incluso hasta rozando lo dulce en algún caso. Por tanto, más que valorable el esfuerzo.












Y para terminar el festín, cómo no, un buen postre: tarta de manzana templada y sorbete de pera. Ya saben, en Asturias la manzana es el producto estrella, por lo que estamos ante un valor seguro. Además la combinación del dulce con el sorbete rayaba la perfección. Creo que acertamos plenamente en la elección del final de fiesta.






Un plan perfecto. Paseo matinal por la playa de San Lorenzo y una visita a La Ciudadela.



Última visita: 25/10/14
Ver ubicación
C/ Capua 7
33202 Gijón

985 34 77 32

martes, 4 de noviembre de 2014

Gastronomía y cultura

Hoy les ofrezco una nueva propuesta en Bilbao, pero no sólo en términos culinarios, sino también en términos culturales; allí podremos vivir conciertos, monólogos, exposiciones... Recientemente se ha inaugurado en Bilbao, tras dos meses de obras, el espacio La Ribera, situado precisamente en el mercado del mismo nombre, en el casco viejo de Bilbao, con una cocina que trata de conjugar, en todo momento, de manera magistral lo mejor de la tradición culinaria vasca con lo más novedoso de la cocina de autor, mientras el comensal puede disfrutar de las mejores vistas de la Ría.








Al frente de todo ello se encuentra Beñat Ormaetxea, el cual ha trabajado con Martín Berasategui en su restaurante de Lasarte y ha sido jefe de cocina en los restaurantes Guggenheim (Bilbao) y Aretxondo Jatetxea (Galdakao) ¡¡Buen curriculum!! Y el espacio tampoco se queda corto; realmente amplio y moderno, con mesas altas y bajas y una barra generosa. La zona de la derecha está reservada para mesas más reducidas, disponiendo de una cristalera con vistas a la ría, mientras que la de la izquierda acepta grupos más numerosos, si bien la filosofía del restaurante es que las mesas no superen el número de 8 personas.








Y cómo en La Ribera todo es divertido y original, el concepto de la carta tampoco le va a la zaga. Para empezar, la sección para picar, en la que degustamos una exquisita y delicada fina crema de chalotas y puerros. Calentar el paladar y el estómago para afinar nuestras papilas gustativas.







Más secciones. En este caso, el apartado para entrar en calor. Otro entrante más, pero más contundente que el anterior. Y a falta de uno, fueron dos. Por un lado, anchoas marinadas con pimientos asados y microvegetales. Una ensalada de anchoas, pero con una materia prima suprema, con lo que todo elogios, y ningún tipo de queja.







Continuando con la sección para entrar en calor, destacar un clásico, pero magníficamente elaborado. No era otro que el arroz caldoso de mariscos. Si hubiera que poner un pero, quizás señalar que el arroz no estaba muy suelto. Sin embargo, el marisco y el jugo, señoriales.






Cambiemos de sección. Si se trata de pescado, ¿cómo creen que la denominarán? Pues, de la mar. Así de simple. En esta ocasión nos sorprendieron con un bonito a la plancha con cebolla pochada y cherrys asados. Ya ven, cocina tradicional con toques vanguardistas. Un tanto crudo, pero es lo que se estila con este querido pescado.






Y para acabar, la carne. Con la agudeza que les caracteriza seguro que ya saben que se trata de la sección de la tierra. Sin duda, el plato más innovador y vanguardista de la velada: canelón de ave relleno de setas y carbonara. Una mini-napolitana salada con mucha esencia. Magnífico plato.












Como colofón, la sección para golosos. 2 postres y ambos dos, deliciosos. Queso en bote. A priori, un postre que no llamaba la atención, pero es que en realidad tuvimos el deleite de gozar de una especie de deconstrucción de una tarta de queso de alto standing. Felicidades.











Por último, otro clásico, como un surtido de helados variados, pero cuando la elaboración es casera y de calidad, la cosa cambia muy mucho. Sabores como mandarina, vainilla y queso, todos ellos conseguidos con nota.







Última visita: 18/10/14
Ver ubicación
Erribera Kalea, 20
48005 Bilbao

 94 657 54 74

martes, 28 de octubre de 2014

La unión hace la gastronomía

Esta vez Bilbao nos acoge con una grata sorpresa. Algo nuevo: el restaurante Bilbao Berria, si bien más que de un restaurante estamos hablando de un grupo, con establecimientos en Barcelona y Londres, amén del ya mencionado en Bilbao. Una aventura que emprendieron con toda la ilusión del mundo dos vascos y un catalán, Iñaki Lasa, Rafa Viar y Pedro Antonio en la Plaza de la Catedral de Barcelona en 1999, y ya ven, siguen creciendo. Tanta es la popularidad de los últimos años, que incluso el primer ganador español del concurso "MasterChef", Juan Manuel, ya pertenece a la plantilla. Enhorabuena.






En el caso del nuevo restaurante sito en Bilbao, todo el logro es fruto de la experiencia de muchos años, dado que muchos miembros del equipo eran parte del ya cerrado clásico restaurante de Bilbao, Metro Moyua. Ahora se ha dado un giro de 180º; se opta por una cocina totalmente innovadora y creativa. Todo ello además de apreciarse en su gastronomía, se muestra en una decoración moderna, acogedora y agradable, aunque eso sí, las mesas están extremadamente juntas. Eso de querer aprovechar el espacio al máximo para obtener un beneficio sin límites, lo paga el comensal, puesto que la intimidad se pierde sin remedio alguno.









En esta ocasión optamos por 2 entrantes y un gran plato de carne. El primer entrante fue un arroz cremoso de chipirón con langostino, que estaba espectacular. El arroz muy suelto y unos chipirones y langostino de primera. Si es que cuando la materia prima es de auténtica calidad 3/4 del plato están resueltos. Que no nos den gato por liebre.






El segundo entrante fue mucho más innovador y con unos resultados igualmente memorables: canelón de pato asado, su jugo y maíz lyo. Por cierto, este último ingrediente merece una mención aparte; se trata de una nueva línea de frutas liofilizadas creada por Albert y Ferrán Adrià. Ahí es nada. En cuanto a lo principal, el canelón, inolvidable. Pasta fina-fina y el pato "bocata di cardinale". Bravísimo.




Y como fin de fiesta un clásico con mayúsculas, no solo por su historia, sino por su tamaño: chuletón de Villagodio. 2 consideraciones: qué es y cuál es su origen. Es el auténtico chuletón bilbaíno, cuya pieza debe haber pertenecido a un novillo de unos 3 años, pesar entre un kilo y kilo y medio y tener un grosor de unos 5 – 6 cm, cortándose la parte del lomo alto y asándose a la parrilla con o sin hueso. En cuanto a su origen, este se debe al marqués del mismo nombre, conocido por su afición a los toros. El susodicho quiso fundar una ganadería e incluso llegó a construir una plaza de toros en el barrio de Indautxu para que los bilbaínos disfrutasen de la bravura de sus reses. Desgraciadamente para él, ya en la inauguración de la plaza, se vio que sus toros eran especímenes mansos y sin casta. Así, se pasó de una fallida ganadería, a “los toros que sólo servían para carne" ¡¡Y vaya lo que hemos ganado, puesto que chuletas así pocas veces las van a encontrar!!


Finalmente, los postres. Homenaje al chocolate podríamos titular la película. Por un lado, el lingote de chocolate con cítricos. Rayando lo pesado, si bien la elección de los cítricos aligeraba un tanto el postre y facilitaba su digestión. Por tanto, más que correcto, ya que la calidad del chocolate era indiscutible, sin lugar a dudas, y el colorido era de 10.






Por otro lado, el mousse de chocolate, pacanas y escamas de sal ¿Pacanas? Les aclaro la duda: es un fruto seco muy similar a la nuez por lo que se conoce como "nuez americana". Idóneo igualmente el contrapunto del salado, gracias a las escamas de sal. Total, un postre redondo: el dulce del chocolate, el toque salado, los frutos secos...





¿Quieren algo nuevo en Bilbao? Pues hay un sitio muy especial que les espera.


Última visita: 10/10/14
Ver ubicación
Ledesma, 26
48001 Bilbao

94 424 92 73
 

martes, 21 de octubre de 2014

Piedras con gastronomía

¿Qué les parece un lugar que es palacio, hotel y restaurante? Pues todo eso es, precisamente, el restaurante Harria del Palacio Urgoiti ubicado en Mungia (Bizkaia). Historia a raudales; les comento. Dicho palacio del siglo XVII esconde una historia muy peculiar, dado que el palacio no estuvo ahí hasta el año 2005, cuando fue traído piedra a piedra desde otro lugar. En concreto, originalmente estaba ubicado en Galdakao y en el año 1968 fue completamente desmontado debido a una expropiación y fueron guardadas todas sus piedras para posteriormente, entre 2004 y 2005 reconstruirlo de nuevo en este lugar. Prueba de ello es que todavía se puede apreciar inscrita sobre las piedras de la fachada la numeración que se dio a cada una de las ellas para su traslado y reconstrucción. De ahí, por otra parte, el origen de su nombre. Piedra en euskera, harria.





Mis más sinceras felicitaciones a los artífices de todo ello. Y en cuanto a lo que se ofrece gastronómicamente en el interior, ya veremos si son loas y parabienes lo que merecen, o bien, la censura gastronómica les lleva a la hoguera. Simplemente adelantarles que su cocina combina el pasado, en homenaje a su origen ancestral, con un propósito de innovación continua, fiel a la reconstrucción del restaurante. Por tanto, se trata de una cocina tradicional vasca con los mejores productos de la tierra, dándoles un toque actualizado y novedoso,  y haciendo las delicias de todo tipo de público.







Al tema, chicos. Fue una cena de las denominadas clásicas: entrante, dos platos principales y postre. El inicio fue refrescante y con un notable acoplamiento de sabores y temperaturas: ensalada hotz-bero (frío-caliente) de langostinos y salmón marinado con guacamole y hierbas mediterráneas.






Y los platos principales, clásicos-clásicos donde los haya. Por un lado, merluza de pintxo al horno con setas silvestres salteadas al txakoli. El pescado fresco, mínimo requerimiento que se puede exigir. Mención especial al toque del txakoli; el maridaje merluza-txakoli comienza a dar notables frutos.







Como carne, no podía ser otra la escogida: solomillo de buey a la plancha con patatas asadas a las finas hierbas, salsa de  oporto y crema de Idiazabal. Ya ven, continuamos con productos de la tierra. Si antes era el txakoli, ahora es el momento del queso Idiazabal. Carne en su punto y jugosa con un acompañamiento de unas patatas realmente deliciosas.






Y para no dejar de no ser originales, como rúbrica, el ansiado postre: tarta cremosa de trufa acompañada de helado artesanal de maracuyá. Mejor el helado que la tarta; no conviene empalagar al personar después de una cena copiosa. Cantidad no es sinónimo de calidad. Para nada en absoluto.




¿Arquitectura o gastronomía? No hay problema. El restaurante Harria del Palacio Urgoiti les ofrece las dos posibilidades.


Última visita: 19/09/14
Ver ubicación Lat: 43º 19' 14,40'' N / Lon: 2º 53,68" W

Arritugane S/N 
MUNGIA 48100

34 94 674 68 68