Tras esta detallada presentación y por otra parte, merecida, gocemos una vez más con lo que degustamos. Como no podía ser de otra manera, optamos por el menú largo, a base de dos entrantes, siete platos principales y su correspondiente postre. Los dos entrantes, por una vez, les dejo que sigan el juego conmigo y adivinen de qué se tratan. Pista: mucho ingrediente asturiano, lo cual es una constante en la filosofía de El Molín de Mingo ¡¡Ánimo!!
Siguiente plato. Algo más digestivo. Espárrago blanco y holandesa de ajo negro y sardina ahumada. La primera impresión visual, espectacular. Perfecta sinfonía de colores y sabores. Todos los productos perfectamente conjuntados, creando un plato final refrescante, muy acorde con la época festival veraniega en la que nos encontramos.
Continuamos con un pescado, socorrido y ganador de muchas batallas: bacalao al pil pil y licuado verde de espinaca. De momento, proseguimos con el color verde, haciendo un guiño a nuestra querida tierra asturiana. Capítulo aparte merece la sutileza de la guindilla troceada. soberbio.
A continuación, un plato asturiano por antonomasia: tortu de maíz con queso de Afuega el pitu y cebolla confitada. El torto o tortu (en bable), para los que no lo sepan, no deja de ser una simple masa de harina de maíz, harina de trigo, sal y agua templada, pero que en las manos de Dulce pasa a ser todo creatividad. Delicia pura. Disfruten también del excelente queso de Afuega el pitu, cumpliendo el canon del buen asturiano: "no hagan comida ni con quesu, ni sin quesu". Es decir, toda comida debe de llevar queso, pero no toda la comida puede ser queso. Grandes personas las asturianas.
Más. Fabes con bonito. Quizás nos decepcionó un tanto esta innovación. Lástima realmente, puesto que la fabada perdía su esencia y uno queda un poco desencantado y huérfano por no saborear el estandarte gastronómico de Asturias. El mejor de los mejores escribanos tiene su diminuto borrón.
Pasamos ya a la carne y una de las piezas favoritas de los pastos norteños: Cabritín de Ponga guisado. Un inciso. El valle de Ponga es una maravilla, merece realmente la pena visitarlo (Embajador turístico de Asturias a coste cero). La carne de cabrito tierna y jugosa, sin nada de grasa, acompañada de lechuga, para completar el plato. Muy bien.
Y para terminar, apoteosis final: arroz con pitu de caleya. Lo primero definir qué es: se trata de un pollo de camino, porque se cría en total libertad, alimentándose con lo que se encuentra en el campo y pasa la edad de un año. Su carne, como podrán comprobar, es más oscura, amén de que el tamaño es mayor. Dicho pitu es guisado durante varias horas, añadiéndose al arroz, et voilà: tienen en la mesa una referencia gastronómica de esta tierra luchadora como la que más.
Como bien saben, lo de terminar era un indicador del final del inicio del apartado más dulce. A falta de un postre, tres. Primero: galleta de almendra con crema inglesa y mango natural. Forma idónea para comenzar nuestro proceso digestivo. Postre con acento inglés y toque asturiano. Más no se puede pedir.
Última visita: 06/07/24
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