jueves, 31 de octubre de 2019

Vuelta de un clásico

Hoy regresamos a uno de los restaurantes más queridos de la Bella Easo, que tras treinta y cinco años de una andadura plagada de éxitos, el 30 de mayo de 2012 bajó la persiana, después de que falleciera Tomás Almandoz, el artífice de todo. Se trata, cómo no, del afamado Urepel, que debe su nombre a una pequeña localidad del departamento de Pirineos Atlánticos, en la Aquitania. Y decimos regresamos, porque afortunadamente hace poco más de un año Mª Eugenia Bozal, propietaria también del restaurante La Muralla se decidió a retomar sus riendas.








Su ubicación es perfecta, puesto que se encuentra frente a la desembocadura del río Urumea y del Kursaal, de modo que las vistas son espectaculares, con más notoriedad en el comedor de la parte superior que de la parte inferior. En cuanto a la decoración, continúa manteniendo su estilo clásico y distinguido, que quizás nos traslade a épocas más antiguas, pero manteniendo siempre la máxima de la importancia de la intimidad del comensal, al mantener una distancia entre mesas más que adecuada.











Comenzamos el homenaje gastronómico con una suculenta emulsión de crema de puerros, cuyo sabor era exquisito, pero que llegó excesivamente bajo de temperatura a la mesa, lo cual restó calidad al obsequio de la casa.











Entrando ya en harina, el comienzo fue más que prometedor: huevo trufado en "cocotte". Magia para los sentidos, y sobre todo, en lo que se refiere al visual. El continente, un huevo de cerámica cascado, le otorgaba una calidez y veracidad al plato, ya de por sí maravilloso en cuanto a su contenido. Enhorabuena.










Otro entrante más, y de temporada: hongos salteados acompañados de huevo. Doy fe que los más exigentes admiradores y saboreadores de este manjar llorarían de gozo al degustar lo que se sirvió en la mesa. Además de todo ello, habría que destacar la delicadeza en el corte de las láminas de los hongos. Bravo.










Y para acabar con los entrantes, otra maravilla más de la naturaleza: vieira asada, papada ibérica, yema de espárrago de Navarra y raíz de perejil. Ejemplo de sinfonía armónica de sabores a la cual más de una vez me he referido. En esta oportunidad Mozart y Beethoven fueron compañeros de mesa durante un breve lapso de tiempo.










Vayamos ya con los clásicos platos principales de pescado y carne, pero en este caso, como no podía ser de otra manera, presentaron más de un matiz. Por lo que respecta al pescado, sin duda alguna, les presento a la joya de la jornada: txipirones de anzuelo rellenos en su tinta. Materia prima de primer nivel, con un toque muy especial, gracias a la espuma de arroz.










El apartado carnívoro, asimismo, estuvo a la altura: solomillo de vaca gallega asado con foie fresco a la plancha. Lo anteriormente citado vale también para este caso. Si la materia prima desborda calidad, el plato tiene garantía de éxito plena, como fue el caso.














Y para terminar, un único postre, pero de categoría: torrija caramelizada en sartén con helado de avellana acompañado de una crema de toffee. Loas infinitas al dulce. Propio para el comensal más goloso.









Ya ven, los gastrónomos más exigentes estamos de vuelta, porque ha vuelto un grande. Ahora a disfrutarlo toca.



Última visita: 26/10/19

Paseo de Salamanca, 3

20003 Donostia

943 918 513

jueves, 12 de septiembre de 2019

La esencia de Eneko Atxa

Sí. Hoy visitamos un nuevo espacio gastronómico que recientemente acaba de abrir el maestro Eneko Atxa. Y cómo no podía ser de otra manera, lo ha hecho de la mejor manera posible, pues la prestigiosa Guía Michelín le acaba de otorgar una nueva estrella, que se une a las tres del Azurmendi y una del Eneko Larrabetzu. El lugar del cual estamos hablando es el Eneko Bilbao, cuya ubicación, sin duda, es la más idónea para que todo el joven equipo del que se ha rodeado Eneko pueda dar a conocer toda la magia gastronómica que lleva dentro.






Verdaderamente el equipo es joven, pero con una capacidad infinita. Al mando de los fogones, la mano derecha de Eneko: Iker Barrenetxea (su hermano pequeño como le llama él). En sala, Urko Mugartegi, con una amplísima experiencia en dicha tarea. Julio Barluenga lidera una carta de vinos muy especial, y finalmente, increíble labor la que lleva a cabo Ander Sanz como coctelero y encargado de los cafés. Una vez todo el equipo presentado, ya sólo nos queda elegir entre el menú Bizkaia o el menú Bilbao. En nuestro caso nos decantamos por el primero, el cual era un poco más extenso.








Como mandan los cánones, comencemos nuestro repaso gastronómico con los entrantes. Primero, una apuesta en la que Eneko demuestra lo bien que combina la innovación y vanguardia con la importancia del producto de la tierra: mantequilla de oveja y setas. Finísimo y riquísimo. El único peligro es que abuse de su ingesta, dado que su presencia no nos abandona en todo lo que dura el festín.







Más entrantes: Kaipiritxa. Un trampantojo del que ya gozábamos en el restaurante Azurmendi. Se trata de un bombón de lo más fresco que realmente es una caipirinha de txakoli, cuya novedad se encuentra en la presentación: ¡Ahora es un fruto de un bonsai!













Sigamos. El tercer entrante también fue un trampantojo: naranja y foie. En este caso el engaño se produce con el gajo de la naranja, donde se esconde un delicadísimo foie con naranja ¿La versión de pato a la naranja de Eneko Atxa?











Y para finalizar con los entrantes, uno más clásico: brioche de setas. Bajó ligeramente el listón anterior, quizás motivado porque el nivel de sorpresa alcanzado rebasó nuestra imaginación culinaria.














Momento de detallar los platos principales. Tartar vegetal, caviar de aceite y emulsión de hierbas y flores. En una palabra: delicioso. Los sabores de cocinas de varias nacionalidades en la mesa: Perú, Japón... Una auténtica fiesta.






Más. Ostra a la brasa, cenizas de aceituna y aire de mantequilla tostada. Es cierto, que este producto y dicha manera de elaboración ha alcanzado las últimas fechas un auge notable, pero en Eneko Bilbao el ahumado final es algo diferente y especial.









Sin abandonar el diseño y la magia de colores, llegamos al plato de la yema de huevo de caserío sobre estofado de trigo y jugo de vegetales asados al carbón. Un plato que no suele faltar jamás en la carta de Eneko y en el cual da muestras de su preocupación por la materia prima local. Bravo. Por cierto, rompan el huevo antes de empezar a saborear el plato.








¿Y qué les parece una de ravioli de rabo de vaca, caldo de legumbres y bombones Idiazabal? Ya ven, Eneko transforma un plato de pasta en algo sublime, y todo ello sin recurrir a productos rocambolescos. Pero cuando hay arte...









A continuación uno de los platos que no me cabe la menor duda va a perdurar en la carta y va a dar muchísimo que hablar: bogavante al sarmiento, su jugo y buñuelo de interiores. Es un nivel más en el capítulo gastronómico hacia la exquisitez y la perfección. Lo del buñuelo es para manual de grandes chefs.








Y para acabar, un poco de carne: solomillo a la brasa, gnocchis de Idiazabal y pesto de albahaca. Como pueden comprobar, Eneko es un enamorado del queso de su tierra y lo ofrece en diversidad de platos ¡¡Y bien que lo hace!! Pero no sólo es queso; la carne está en su punto perfecto y el pesto de albahaca es una joya para todos y cada uno de los sentidos.








No se preocupen si son muy golosos, puesto que los postres no bajaron la media, en absoluto. Primero, un postre tradicional local, pero con el guiño de Eneko presente: intxaur-saltsa helada, avellanas y chocolate caliente. Básicamente es una natilla a base de leche, nueces, azúcar y canela, pero a ojos de Eneko todo cambia. Ya lo verán. Se trata de bisutería suprema gastronómica.








Y el segundo postre, un clásico de nuestras cocinas y de Eneko: torrija a la brasa y helado de leche de caserío. Sensacional. Tanto la textura de la torrija como el propio. Tan es así, que merecen un testimonio gráfico por separado.



Por si no nos habíamos saciado, cortesía de la casa nos ofrecen unos goxuak (dulces) que se escondían de forma divertida entre granos de café. Teníamos para "morirnos" de dulce: trufa fría con nueces de colores, macarrones de limón, una especie de granos de café de chocolate y gominolas de fruta. Dulces a más no pedir.










Eneko Bilbao es un lugar para seguir disfrutando de la marca Eneko. Disfrútenla.




Última visita: 26/07/19

Palacio Euskalduna.
Abandoibarra etorbidea, 4.
5ª planta
48011 Bilbao (Bizkaia


94 655 88 99

jueves, 5 de septiembre de 2019

Un lugar en el interior, cuyo origen es la costa

Pues sí, así es. El asador que visitamos hoy se ubica en la bella ciudad de Vitoria, pero la denominación que le dieron al local los responsables de todo, José Manuel Uranga y Ana Carrera, ya nos adelantaba su origen y sus raíces: asador Orio. En dicha pequeña villa marinera ambos aprendieron la magia del manejo de la parrilla en uno de los asadores más sublimes en dicha materia, que no es otro que el asador Xixario.






Esta herencia la han llevado con un gran éxito a una ciudad como Vitoria, donde desde luego también se saben aprender los mejores pescados y las mejores carnes a la parrilla. Y allí, en un lugar estratégico de la ciudad, a cinco minutos del centro andando en el parque del Prado, con unas vistas inmejorables, podemos degustar la mejor materia prima en un espacio modesto, pero realmente acogedor.







El inicio fue a base de dos entrantes. Por un lado, una exquisita menestra natural. A destacar que todos los productos eran de primerísima calidad y algo que parece baladí, pero no lo es en absoluto; el jamón que acompañaba a las verduras era de nota. 








El segundo entrante fue una ventresca de bonito. Un plato completísimo, ya que además del atún, una cebolla sabrosísima, pimiento verde, pimiento rojo y alegría conformaban el plato. En la línea con el anterior entrante. Muy bien.








Los platos principales también rayaron a buena altura. Como no podía ser de otra manera, y sin dudarlo, nos decantamos por degustar un besugo a la parrilla. Nos trasladó a los mares más cercanos, con lo que su propósito se cumplió con creces.







Y hubo más pescado, dado que estábamos ávidos de saborear ese majestuoso producto: merluza de ración con cebolla pochada y patatas panaderas. Quizás en su debe hay que señalar que a la merluza le faltaba un poco más de tiempo en su elaboración. Lástima.















Por último, el momento de la carne. Chuletillas de cordero con patatas fritas caseras y pimientos rojos asados. Otro detalle de los que aparenta nimio, pero no lo es: patatas caseras, algo que, lamentablemente, cuesta más encontrar. Y la pieza igualmente de calidad. Bravo.















Los postres también fueron variados y de calidad. A falta de uno, tres. Primero, sorbete de limón al cava para digerir los suculentos manjares ingeridos. Nada que objetar. Refrescante y digestivo.



















Más. Cuajada casera. Se trata de un postre tradicional, de toda la vida, que no puede faltar en ninguna carta de este tipo de asador que se precie, y menos aún si el dulce que se ofrece es notable, como fue el caso.











Por último, una de mis debilidades: panchineta. Por si alguno lo desconoce, se trata de un pastel, el cual se prepara con un hojaldre y se rellena con crema hecha de huevo, harina y azúcar. Después se mete todo en el horno espolvoreado con almendra y se saborea caliente. Además, se le puede añadir chocolate caliente, como fue el caso. Me gustó.





Ya ven, si no pueden visitar la costa para saborear un buen pescado, hay un lugar que les está esperando: asador Orio.


Última visita: 18/07/19

Felicia Olabe Kalea, 3
01007 Vitoria-Gasteiz, Araba


945 14 83 00

miércoles, 24 de julio de 2019

Disfrute gastronómico en Toledo

Hoy visitamos un lugar que no hace mucho, 2016 para ser exactos, se erigió como capital gastronómica de España. Ese lugar es el histórico Toledo. Y allí visitamos el restaurante Adolfo, donde su chef Adolfo Muñoz con su encanto, cordialidad y buen hacer, es un creador de auténticas maravillas. Poseedor de multitud de premios, pero sin duda, el más importante es su cercanía con todos y cada uno de los comensales. Gracias, Adolfo. Gracias que se hacen extensibles igualmente a su hija Verónica, la cual dirige el día a día del local, con la misma simpatía que su padre. De tal palo, tal astilla.








Y qué les puedo decir del lugar. Pues que se trata de una auténtica maravilla. Si bien se trata de un edificio del año 1924, llama poderosamente la atención la exultante modernidad que reina en cada uno de los cuatro salones de los que dispone el restaurante. Policromías, cuadros y cerámicas bellísimos en un patio cubierto de ensueño, amén de la Cueva-Bodega del siglo IX, o de las increíbles vistas desde la terraza sobre su Casa Urbana Adolfo, donde también uno tendrá el placer, si lo desea, de poder hospedarse, destacan en su variadísima arquitectura.









Como el lugar lo merecía, optamos por degustar el menú chef, el cual se iniciaba con tres aperitivos del día. Primero, un gazpacho refrescante, muy adecuado para las fechas tan calurosas en las que nos encontramos. Dulce y salado al mismo tiempo. Muy notable.







El segundo aperitivo fue más innovador: anchoa con aguacate sobre brick. Del mismo modo, refrescante y sabroso y con una calidad de la materia prima superior. Bravo.








Para acabar con los entrantes, la espectacular tempura de flor de calabaza. Satisfactorio guiño a la cocina asiática. Inmejorable tanto el punto de fritura de la tempura como el gran descubrimiento de la flor de la calabaza. Enhorabuena.







Los platos principales también rayaron a una enorme altura. Para empezar con ellos, tengo el placer de presentarles un novedoso carpaccio de alistado y frutos rojos del bosque. Plato en los que juegan los cinco sentidos, es decir, completísimo. De los que se quedan en el recuerdo.







Sigamos. Pasta de espelta, huevo poché y aceite de rúcula. La intención más que loable, pero lástima que la pasta desvirtuaba y deslavazaba un tanto el plato. No obstante, podríamos catalogar de un plato de los de más que aprobado.







A continuación, producto de la tierra, que puede resultar arriesgado su traslado a la mesa: oreja de lechón, manzana, pasas y nueces. Ya ven a qué me refiero con lo de arriesgado. Sin embargo, su resultado fue soberbio. Pruébenlo. Háganme caso.








Más y además uno de los que se puede considerar protagonista de la jornada: bogavante, su caldo y remolacha ¿Bogavante en Toledo? Se preguntarán asombrados al igual que un servidor. Pues así es, y de una calidad sublime.









Por último, y antes de adentrarnos en los postres, un gran pescado: atún rojo en almadraba. Manjar de los manjares donde los haya. Y nuevamente un guiño más a la cocina asiática, dada su popularidad en aquel entorno.









Vayamos con los postres. El primero, un helado de trufa "Aestivum". Se trata de una trufa negra estival por sus fructificaciones estivales. Las altas temperaturas lo convertían en un dulce necesario a más no poder.








Más azúcar. La bomba golosa del festín gastronómico, y nunca mejor dicho: esfera de caramelo con yogur y tierra de pistachos de Villacañas. En esta ocasión la vista incluso se imponía al gusto, maravillada de poder contemplar tamaña obra de arte.









Y para terminar, unos pequeños dulces a base del que no podía faltar mazapán toledano y unas exquisitas rocas de chocolate. Muy bien.









Adolfo, el placer de la gastronomía toledana, les espera.


Última visita: 06/07/19

Hombre de Palo, 7
45001 Toledo


+34 925 227 321/+34 639 938 140