miércoles, 22 de enero de 2014

Veneración por lo tradicional e histórico

En el día de hoy, queridos lectores, además de gastronomía un poquito de historia, dado que el restaurante del cual vamos a disertar es en sí mismo pura historia. Se trata del Cubita o Aixerrota (molino de viento en euskera). Y quizás es el nombre por el cual se le conoce a dicho restaurante, ya que este aprovecha la estructura de un molino de viento antiguo para su comedor y cafetería, en la zona alta de Getxo, en un entorno privilegiado ¿Y qué podemos decir del molino? Pues que dejó de funcionar a finales de este siglo XX, debido a sus dificultades de mantenimiento. No obstante, su importancia fue notable, ya que fue construido en 1720 para paliar los efectos de la sequía, y destinado a sustituir los molinos de agua de la orilla de los ríos. Y por último para los amantes de la arquitectura y sobre todo, de los molinos, un apunte más; el eje móvil es de cuatro aspas, similar a los molinos manchegos.






Que más, que más. En cuanto a la comida, esta podríamos catalogarla de totalmente tradicional. Los más innovadores en este caso tienen las de perder, mientras por el contrario, los amantes de la gastronomía clásica son los auténticos vencedores. Su decoración clásica y noble, lo que nos permite degustar la comida en un ambiente tranquilo y relajado. Además hay que destacar que dispone de tres comedores independientes, proporcionando tanto en las cenas intimas como en las comidas de grupo un ambiente familiar. Y por supuesto, si la climatología acompaña, el café en la terraza exterior, para disfrutar de unas vistas espectaculares vistas a la costa. No obstante, con buen criterio, los propietarios se han curado en salud y han habilitado igualmente una terraza cubierta. Excelente medida.







Y ahora ya a lo primordial, es decir, a relatar la experiencia gastronómica allí vivida. Clásico el tipo de gastronomía, pues clásica también la demanda: 2 entrantes y 2 segundos. Comenzamos con unas anchoas fritas abiertas magníficas, por lo frescas que resultaron. Nada que cuestionar. A este tipo de producto es lo único que se le debe de exigir. Tan fácil decirlo, pero al mismo tiempo, tan difícil de llevarlo a la práctica.







Segundo entrante: ensalada de bacalao ahumado y ventresca. Cual fue nuestra sorpresa que además del bacalao y del atún, el plato presentaba salmón ahumado y unas anchoas del Cantábrico. Desde luego, que más completo no podía ser y como el añadido estaba exquisito, miel sobre hojuelas. Gracias, por tanto.







Llegan los segundos, y ya totalmente inmiscuidos en este ambiente tradicional, comenzamos con el pescado, como bien mandan los cánones. Merluza a la romana acompañada de chipirones en su tinta. Debo avisarles que se trata del plato estrella de la casa, y vaya que es cierto. La merluza, nuevamente, como en los casos ya mencionados, fresquísima y la textura y la salsa de los calamares, de cum laude. Mi más sincera enhorabuena.






Por último, evidentemente, la carne; un sabroso y elaborado en su punto solomillo con patatas caseras. Si hasta ahora no habían caído en complicaciones y todo había funcionado correctamente respetando la calidad de la materia prima, ¿por qué alterar la llave del éxito? Gracias a la divina providencia, o más bien a sus acertadas decisiones, continuaron con esa dinámica. De este modo, una vez más, plato sin estridencias, pero de nota.









Al llegar a los postres, uno no puede resistir la tentación de dejar testimonio gráfico de lo allí visto. Obviamente no degustamos todo lo que se ofrecía, pero díganme ¿qué les parece este carrito de postres? ¿no les recuerda a las series británicas emitidas a media tarde? Sea lo que fuere, desde luego que es un verdadero placer para los ojos, por lo que por dicho motivo les hago cómplices de este éxtasis del dulce.











¿Y qué es lo que escogimos entre tanta maravilla? Primero, una de las tartas más ligeras y con más tradición en esta zona geográfica: pastel ruso. Para los que no tienen el placer de conocerlo, indicarles básicamente que se trata de una especie de cubo blanco a capas con azúcar glas por encima. Blanco, porque reinan el merengue y la nata.








Y el otro postre, un clásico donde los haya: milhojas de crema y nata. Desde luego que los postres no fueron lo mejor del banquete, todo hay que decirlo, sin embargo, habida cuenta que los anteriores platos superaron con nota las expectativas, un pequeño borrón, y nada más. Bueno, sí. Si me permiten, un pequeño consejo para las cabezas pensantes del Cubita. Quizás deberían reducir un poco la carta de postres y seguro que ello redundaría en una mejora de la calidad. Me lo cuentan. Espero sus noticias.







Para los amantes de lo clásico sin tapujos este es el lugar ideal ¿Regreso al siglo XVIII?




Última visita: 11/01/14


Galea Errepidea, 30
48990 Getxo, Vizcaya, Vizcaya


944 91 17 00

miércoles, 15 de enero de 2014

El rey de la chuleta

Hoy gran día para los carnívoros, puesto que el lugar que vamos a visitar, precisamente es el templo de la chuleta. Se trata del Goizeko Izarra (La estrella matinal en euskera), que se encuentra en pleno centro de Bilbao y lleva muchos muchos años maravillando con sus ejecuciones gastronómicas a la brasa, entre las que también caben destacar sus famosísimas mollejas de cordero rebozadas. Ya ven, cocina tradicional vasca, sin estridencias, pero con materia prima notable.





En cuanto al local, algunos detalles a mejorar. A pesar de su reciente reinauguración, con el fin de darle un toque más moderno, continúa siendo un espacio ruidoso y muy apretado de sitio. Mantiene el poso con el que se creó, que consistía en comer en la barra del bar; de hecho, es todavía una opción muy válida y recurrente por multitud de clientes. Por lo tanto, casi casi estaríamos hablando de un bar-restaurante con unas pequeñas mejoras: lamas de madera, iluminación más recogida y mobiliario más moderno.







Y ahora, centrémonos en el menú, del cual seguro ya se van haciendo una idea concreta, tras haberles puesto en antecedentes un servidor. Comenzamos con otra de las especialidades: hongos salteados (Boletus Edulis). Nada que objetar. Materia prima de primerísima calidad, con lo que la posibilidad de error se reduce a la mínima expresión. Bien.








Un entrante más, antes de llegar al plato que probablemente estén todos ustedes esperando ansiosamente: pimientos verdes rellenos de txangurro con salsa de nécora ¿Pinta bien, verdad? Pues, incluso, sabía mejor. Mi sorpresa fue que se optó por el pimiento verde, en vez del rojo, que es el que se emplea en este tipo de platos. No obstante, bien hecho, dado que el resultado habla por sí solo. Pequeñas innovaciones llevan al camino del éxito.






Y por fin, lo que todos ustedes deseaban. Relajarse y oler el aroma de una fantástica pieza de chuletón de vaca es un momento inolvidable, de veras. Y a continuación poder hincarle el diente, más satisfactorio aun. Por último, y es lo que sucedió, sabor, textura y ternura espectacular, con lo que no hay dos sin tres: aroma, degustación y resultado espectacular ¿Alguien da más? Desde luego, por si alguien tenía alguna duda, las patatas fritas eran caseras. Por tanto, plato redondo.






Lástima que el broche final no estuviera a la altura: horroroso Goxua (dulce en euskera). Se trata de un postre típico de Euskadi, el cual se elabora con nata, bizcocho, crema pastelera y caramelo líquido. Sobre una base de nata se pone una capa de bizcocho, después se vierte una capa de crema pastelera y finalmente se le echa caramelo líquido por encima. En este caso, lamentablemente, nada que ver con esa apetecible y suculenta realidad.








Un lugar que les pone las cosas muy fáciles. Dense una vuelta y saboreen una chuleta. Es mi consejo. No hay más misterio.





Última visita: 03/01/14


Alda. Gregorio de la Revilla, 9 
48011 Bilbao



94 441 50 18

jueves, 9 de enero de 2014

Gastronomía del futuro dentro de una arquitectura histórica

Tras las largas vacaciones navideñas, incluso me atrevería a decir, que merecidas, ya estamos de nuevo de vuelta. Espero y deseo que esta prolongada ausencia la sepa compensar con el primer restaurante del año 2014: Aspaldiko, sito en Loiu (Bizkaia). Lo primero que se debe destacar es que se trata de una auténtica maravilla arquitectónica, bien cultural calificado en categoría de monumento, como lo certifica su reciente Q de calidad turística. Se trata del típico caserío vasco; sus vigas cuentan con cuatro siglos de antigüedad. Fue restaurado de manera especial en 1988, manteniendo casi intacta su estructura de madera tanto en su exterior como en su interior. El resultado es espectacular: nada más entrar, se regresa al pasado. Nos da la bienvenida una imponente escalera de madera, puertas de madera gruesa, ventanucos, vigas retorcidas en paredes, alacenas, taquillones, mesas auxiliares...todo de madera antigua. Junto a la entrada, además una estupenda chimenea que le da aun un toque más acogedor.






Antes de disponernos a saborear su vasta gastronomía, tuvimos el placer de subir los peldaños de la ya mencionada escalera de madera para situarnos en el comedor de la planta superior, que todo sea dicho, si bien el de la planta baja es coqueto, este le supera en belleza y tranquilidad. Dado que se ofrecían distintos menús, optamos por uno más ligero, pero exquisito: Degustación Baserri, en el cual se muestra sin tapujos la filosofía de Aspaldiko, que consiste en una sincronización y combinación perfecta de la cocina vasca tradicional con la cocina innovadora. Comprobémoslo.








Comenzamos el festín con una variedad de salsas, cortesía de la casa, para ir abriendo boca: barbacoa, guacamole, ali-oli y aceite virgen de oliva. Colorido y presentación milimétrica. Todo ello acompañado por un pan excelente, lo que ponía las papilas gustativas a tono para la gran batalla.











Vayamos con los entrantes. El primero, espectacular: crema de hongos con polvo de jamón. Fino, delicado y sabroso ¡¡El hongo en la amplitud de todo su sabor diluido en crema!! Placer inmenso. Un millón de felicidades.









Más entrantes, y vistosos, igualmente. Tempura de verduras sobre calabaza. Ejemplo de la unión de la tradición y la innovación, al tiempo que se produce un guiño a la cocina asiática. Un lugar que se precie gastronómicamente siempre debe de tener presente la cocina del país del sol naciente. Por tanto, well done!!










Y el último de los entrantes fue el que más me sorprendió: hojaldre de morcilla. La mezcla del dulce del hojaldre con la morcilla, soberbia ¿No les parece otro ejemplo claro de que lo bohemio y las costumbres pueden convivir sin problemas?









Llega el momento del pescado: merluza sobre salsa de cigalas. Todo en completa e impecable armonía: salsa, pescado y marisco. Ningún elemento se impone al resto, gran secreto este de la buena cocina: ningún ingrediente debe de esconder u ocultar el sabor de otro de los ingredientes. Por tanto, bravo. 








Y la carne, también magnífica: taco de entrecotte con setas, queso Idiazabal y piquillo. La carne en su punto, acompañada espléndidamente por las setas y una fina salsa. Todo sin complicaciones, pero admirablemente ejecutado. Nuevamente loas a doquier.








El desenlace, en línea con toda la partitura gastronómica celestial. Una tarta de queso con helado de manzana verde, insuperables ¿Saben cuántos tipos de tartas de queso he tenido el placer de degustar? Cientos, y esta será difícil de olvidar, por lo que pueden ir tomando nota...





Si desean adentrarse en el pasado para degustar la gastronomía del futuro en el presente, no existe otro lugar como el Aspaldiko. Créanme.


Última visita: 20/12/13


Zabaloetxe Etorbidea, 14
48180 Loiu [Lujua] - Bizkaia



944 531 421 


martes, 10 de diciembre de 2013

Calidad y parsimonia

Ya discutiremos el porqué del título, porque tiene su miga, pero primero lo primero. Decidimos visitar uno de los restaurantes más virtuosos y con más cachet de una de las zonas costeras más bellas de Bizkaia, concretamente, la zona de Uribe Kosta. Y allí nos encontramos con un coqueto, pero acogedor restaurante llamado Regi, sito en Urduliz, donde la cocina tradicional está más que dignamente aliñada con unos esperanzadores toques de modernidad y vanguardia.






En cuanto al local en sí, nada que objetar. Si bien es cierto, que su apariencia exterior no hace justicia a la exquisita decoración que se puede disfrutar en el interior. Sin embargo, comenzamos con los peros. Para comenzar, aun cuando nuestra reserva era clara y concisa, se nos tuvo esperando, excusándose porque ¿estaban bajando mesas? Tras este incidente y una vez obtenido nuestro botín preciado (la mesa) llegó algo más inexplicable aun; cuando nuestro deseo era degustar un menú degustación, demandamos al camarero (antónimo preciso de amabilidad) su composición, y este ni corto ni perezoso nos contestó que no podía describirnos de qué platos constaba. Evidentemente tuvimos que decantarnos por la carta, visto el interés que mostró el susodicho en ofrecernos el mencionado menú. Y tras un cúmulo de desdichas y mayores despropósitos, decidimos degustar el café en otro lugar. Lástima que el servicio no esté, ni mucho menos, en consonancia con la atención del personal. Y esos detalles como no se cuiden...










La comida, otro cantar, pero cantares de los buenos. Exquisita. Raciones muy elaboradas y de gran tamaño, como así lo certificaron los entrantes. 3 en 1. Puré de guisantes, crema de queso con pesto y un pan tumaca espectacular. La crema de guisantes fina, fina y sobre el queso también todo parabienes, gracias principalmente a la cantidad y variedad de panes, que acrecentaban esa sensación de placer gastronómico.













Otra gran experiencia, las croquetas que se nos ofrecieron; originales, variadas y exquisitas. Cada una de ellas con su toque y personalidad: de jamón, chorizo y picantes. Y no sólo era el relleno lo que variaba, incluso el rebozado de pan rallado y huevo era único especial para cada croqueta: maíz, coco. Bravo.








Iniciemos el festival con los primeros platos: cigalas de Ondarroa fritas con tempura sobre salsa de Idiazabal y caramelo de Módena. Plato de los que catalogo que pasarán a los anales de la gastronomía. Tempura refinada, con la dificultad que entraña ello, junto a unas gambas exquisitas y un pastel de pescado soberbio, bien adornado todo ello con flores nutritivas y alimenticias. Perfecto.







Y no abandonamos el nivel sublime: raviolis rellenos de chipirón con crema de hongos. La textura del calamar increíble y la delicadeza de la pasta, tampoco le iba a la zaga, sin olvidar una salsa que emocionaba al paladar más exigente, dado que nos permitía degustar los citados panes tan caprichosos. El único defecto, el espárrago triguero, el cual quizás estuviera un poco duro, circunstancia que oscurecía ligeramente la grandiosidad del plato.





En cuanto a los segundos, podría decirse que bajaron un poco el nivel, aunque mantenerlo, es verdad, que resultaba una auténtica quimera, habida cuenta de la calidad de los manjares previos. Como mandan los cánones, primero pescado: lomos de salmonetes desespinados sobre risotto de percebes. Fresco y sabroso, como caracteriza a dicho pescado, pero ¡¡Atención al riesgo de que el percebe enmascare el sabor del pescado!! Aviso a navegantes.







Por último, afilemos los dientes con la carne. Solomillo del país con jugo de mostaza. Los frutos secos, la cebolla y la rosca de patata fija más que notable. Y lo principal, la carne, roja, jugosa y una buena pieza. Nada que objetar.











Y el postre en la línea de lo ya comentado, vanguardista y tamaño de ración más que generosa: tartita cremosa de queso, infusión de frutos rojos y galleta rota. Bravo por el helado de cítricos, la tarta, y sobre todo, por esa galleta rota que realmente me encantó.











Por último, la casa nos ofreció, gentileza de la casa, unos dulces muy a considerar: crema fría de leche, trufas de chocolate y bizcochos rellenos de frutas. Se agradece el detalle, si bien no compensa para nada en absoluto el sufrimiento de tanta tropelía.










Nada más. Calidad gastronómica a prueba de paciencias de nivel Job.


Última visita: 07/12/13


Regi Taberna
Aita Gotzon nº 2
48610 URDULIZ, Bizkaia
 



94 676 58 56 


P.D. Por cierto, ya que se acercan las Navidades, abrimos una nueva encuesta acorde con el periodo estival.

viernes, 29 de noviembre de 2013

La pasión de la comida casera

Aromas de gastronomía tradicional son los que se respiran en el restaurante que nos ocupa hoy: Arrate, sito en una población bella donde las haya, como es Leintz-Gatzaga en Gipuzkoa. Tres mujeres son responsables de los manjares más básicos, tras ser testigos como su madre les iniciaba en el apasionante mundo de la gastronomía. El local sencillo, como ellas: sencillas y amables, al igual que la gastronomía; todo en consonancia. Eso sí, se trata de una sencillez gastronómica llevada hasta su máximo esplendor, con un resultado extraordinario. Todo sabe a la cocina de nuestras queridas madres.







El comienzo fue especial y afortunado. Dadas las fechas en las que nos encontrábamos, finales de noviembre concretamente, tuvimos el placer de diseccionar parcialmente a nuestro amado cerdo; es decir, saboreamos productos que se elaboran una vez es sacrificado dicho animal. Primero, txitxikis. Estoy seguro que más de uno estará deseoso de saber qué significa esta palabra misteriosa. Pues, marchando una de definición: los txitxikis son una preparación de carne de cerdo, propia de la elaboración de embutidos, que se consume habitualmente al día siguiente de la matanza del cerdo. La propia palabra txitxiki nos enseña el aspecto fundamental de esta preparación, se debe picar la carne de cerdo en trozos pequeños (txiki en euskera). Ahora que ya saben lo que significa, sólo les queda probarlo, si no han tenido el gusto de hacerlo. Les va a encantar.








Más derivados del cerdo: morcilla con pimientos rojos caseros. Claro, pero no estamos hablando de una morcilla cualquiera. Como se pueden imaginar en Arrate todo es casero, real, sin trampa ni cartón. Cocina a la antigua usanza, sin recursos y medios vanguardistas. Todo sabe a lo que debe de saber, y la morcilla no es una excepción. El relleno a base de puerro y cebolla, supremo. Sin olvidar, la exquisitez de los pimientos rojos. Bravo. 













Entre los entrantes, aún nos queda uno más con el que disfrutar: surtido de croquetas; unas de jamón y otras de hongos. El resultado el esperado; tantos años de experiencia en los fogones, bien por lo allí visto, bien por lo trabajado, no quedan en saco roto. Por todo ello, el dominio en la elaboración de la bechamel es simplemente sublime ¡¡Pruébenlas ya!!














Vayamos ahora con los platos de cucharón, que realmente es su auténtica especialidad ¿Qué les parece comenzar con una menestra de verduras? Fácil y muy intuitivo es diferenciar una menestra trabajada, de una elaborada sin gusto y mimo. Esta menestra, desde luego que es de las top, llevaba unos ingredientes frescos, bien cocidos y bien rebozados. En definitiva, esfuerzo enorme con un resultado excelente.















Momento de agudizar todos y cada uno de sus sentidos; llega el momento del plato estrella: garbanzos con rape y almejas. Estaban soberbios y mantecosos, que es la cualidad principal que se les demanda, algo que por otra parte, es muy difícil de conseguir. Mérito absoluto, por tanto. Mención especial, igualmente, para el caldo, el cual se encontraba sabroso hasta decir basta, gracias a la forma lenta de cocción de los garbanzos junto al rape.













Y acabamos de mencionar un pescado, y nos vamos a otro. El más querido, pretendido, elogiado y deseado: el besugo. Tamaño espectacular. Fresco, como el clima invernal. Pero... Un pequeño problema con el modo de elaboración de dicho pescado. Nosotros los originarios de pueblos marineros estamos acostumbrados a esas parrillas humeantes y olorosas, sin embargo, Arrate, no se puede permitir dicho lujo, dadas las características del lugar y del entorno, siendo la solución el horno. No obstante, el plato raya casi la perfección.











Ay, ay, ay con el postre. Una de mis delicadezas: soufflé. Esas claras de huevos batidas a punto de nieve y combinadas con frutas, madre mía ¡¡Bocata di cardenale!! Luego al horno, último toque de quemar el alcohol, y a la mesa ¡¡Bárbaro!! Ver ese postre hinchado (souffler: soplar o inflar en francés) no tiene precio. Por mucho que repita en el tiempo dicha experiencia, no deja de sorprenderme. Soy un enamorado de este dulce; lo confieso, y como las oportunidades que se presentan son tan escasas, cuando llega, uno se sacia con creces.








Ya ven, el poder de la comida casera es infinito. Sólo me queda decir: gracias, Arrate.


Última visita: 23/11/13
Web del restaurante (no disponible)


Calle San Ignacio, 3, 
20530 Leintz-Gatzaga 



943 714 371

viernes, 22 de noviembre de 2013

Donde comenzó la magia de la gastronomía

Cierto como la vida misma. Todo el sueño gastronómico empezó aquí. Este es el origen de la tan afamada cocina vasca. Aquí, en el bello restaurante Zuberoa, ubicado en la localidad de Oiartzun (Gipuzkoa) ¿Y quién es el jefe de todo ello? Don Hilario Arbelaitz, el cual heredó de su madre su amor por los platos tradicionales y los ingredientes de primera calidad, para luego él otorgarles su toque innovador y lograr una perfecta cocina combinativa entre la gastronomía tradicional y la innovadora ¡¡Bravo maestro de los maestros!!





En consonancia con esos platos tradicionales, si bien se elaboran con las formas más novedosas, qué mejor que un lugar con encanto y antiguo. De este modo, el restaurante se sitúa en el caserío más antiguo de Oiartzun, donde podemos encontrar una exquisita decoración, tanto en su sala principal, comedores privados y terraza. Todo excelente, magnífico e impecable. Sólo lamentar el "robo" que ha sufrido Hilario de una de sus estrellas Michelín ¿Alguien me lo puede explicar?







Menos sufrimientos inútiles, que provocan melancolía y centrémonos en lo importante. Como no podía ser de otra manera, en un lugar así la opción menú degustación era más que obligatoria. Gentilmente ello nos ofrecieron un aperitivo inolvidable: foie con puré patata y reducción de Pedro Ximénez. Un auténtico sueño gastronómico.








Más sorpresas ¿Qué les parece un velouté de erizos de mar al aroma de hinojo? ¿Sorprendente, verdad? La salsa híbrida entre bechamel y caldo de pescado lograda al 100%. Unido a ese sorbo de mar, gracias a la presencia del erizo, obtenemos un plato, que por qué no denominarle espuma de mar, por todo lo que nos suscita.









Próximo plato. Fiesta de ingredientes: cigala asada, salsa de jengibre, aceite de su coral y ravioli de albahaca. Color y sabor. Una cigala de carne tersa más que magnífica con un ravioli, delicadeza pura. Unión de sabores capaces de emocionar al más insensible de todos.







Y no abandonamos el mar, no señores. Después del erizo y la cigala otro principito del océano: vieira. Pero, claro, don Hilario no se conforma con una vieira viuda: vieira asada, crema trufada de cebolleta y endivia caramelizada ¿Qué me dicen de la presencia y el resultado? Sin palabras. Únicamente con el corazón de la vieira se pueden hacer verdaderas maravillas gastronómicas, como así lo demuestra el Sr. Arbelaitz.







Salto culinario. Del pescado a la carne ¡¡Bienvenida la panceta curada de ibérico, calabaza ahumada, soja y vinagreta de cítricos!! Sólo con la vista el plato enamora. Excelente la idea de rebajar la grasa y la pesadez de la panceta con los cítricos. Contraste en impecable armonía.








Y llega el momento cumbre. En mi opinión el plato estrella: huevo escalfado, puré de foie-gras y fumet de trufas. Para empezar, nuevamente Hilario da muestras de su dominio de todo tipo de caldos, al elaborar un fumet o un fondo de cocina a base de pescados y mariscos sabrosísimo. Y lo de las trufas con el foie junto al huevo y las patatas es de matrícula; convierten al plato en un top digno de cualquier recetario que se precie.






Regresemos al pescado: lenguado asado a la vinagreta de berberechos y emulsión de sus jugos. Elegancia, prestancia y frescura. Plato sencillo y delicado, pero al mismo tiempo con un toque sutil que le otorga el berberecho y la espuma. Y por si esto fuera poco, la materia prima, en este caso el lenguado, de primerísima calidad, algo que en Zuberoa se da por supuesto, pero que lamentablemente no siempre ocurre...




Un cambio de tercio más. Dos carnes más a degustar. Por un lado, un poquito de caza: lomo de corzo asado con frutas de temporada. Nuevamente todo lo bueno que se pueda decir resulta escaso. Carne muy sabrosa y una salsa exquisita. No voy a incidir más, puesto que entiendo que puede ser un atrevimiento, dado mi desconocimiento sobre este tipo de carne. No obstante, lo importante es que bien que me gustó.







Y por otro, el carré de cordero asado, puré de patatas y verduritas. Uno que no es un amante de esta carne tan adorada, les tiene que confesar que jamás había tenido el placer de saborear pieza de tamaña calidad. Majestuoso. La última cocción en el horno resulta sublime. Gracias y mil veces gracias.










Por último, la traca final con los postres. Y el inicio fue espectacular, algo que por otra parte ya esperábamos, puesto que era un postre recomendado por la casa: su tarta de queso casera con helado de leche. 3 quesos componían aquella obra de arte: queso azul, de Idiazábal y de Burgos. Nunca había degustado tarta alguna con tanto sabor a queso, el cual se compensaba con el dulzor de la masa. Fantástico.









Como segundo postre, una obra gastronómica para guardar en vitrina: pastel de chocolate fondant y helado de pistacho. Un plato tan delicado, suave y sensible, que uno sentía lástima de romper su estructura, pero su sabor lo merecía, háganme caso.








Y para acompañar a nuestros cafés maestría repostera, cortesía de la casa. Buen epílogo.





Ya ven, si quieren conocer el truco y la magia de toda la gastronomía, este es el lugar.


Última visita: 15/11/13
Ver ubicación Longitud: 1º 51’ 58’’ Oeste Latitud: 43º 17’ 34’’ Norte

Araneder Bidea, Barrio Iturriotz
20180 OIARTZUN, Gipuzkoa.



943 49 12 28